Transición energética: qué dice el informe mundial

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Principales conclusiones del Índice de Transición Energética 2026, un documento elaborato por el Foro Económico Mundial junto con Accenture: fragmentación mientras aumentan los riesgos geopolíticos.

El Índice de Transición Energética es un documento del Foro Económico Mundial que se basa en análisis comparativos utilizando 44 indicadores en 120 países a fin de proporcionar una evaluación basada en datos tanto del rendimiento actual del sistema energético como de su preparación para el futuro. Evalúa el desempeño en cuanto a equidad, sostenibilidad y seguridad, junto con factores clave como las políticas, las finanzas, la infraestructura y la innovación. La puntuación global combina el rendimiento del sistema (60%) y la preparación para la transición (40%). Los resultados reflejan los datos más recientes disponibles en el momento de su recopilación.
La edición 2026 arroja las siguientes conclusiones principales:
  • El panorama energético está cada vez más fragmentando y condicionado por la seguridad, a medida que los países reequilibran sus prioridades en materia de sostenibilidad, asequibilidad y resiliencia.
  • A pesar de la inversión récord en energías limpias en 2025, el ritmo mundial se ralentiza y, por primera vez en más de una década, disminuye la preparación para la transición.
  • Las perturbaciones en el estrecho de Ormuz están poniendo de manifiesto las debilidades de los sistemas energéticos, ya de por sí tensionados por el aumento de la demanda, los cuellos de botella en las infraestructuras y la concentración de inversiones en energías limpias.
  • Las tendencias regionales muestran divergencia: los países nórdicos lideran la transición y China alcanza niveles récord, mientras que India, Singapur y África subsahariana muestran un fuerte dinamismo.
  • Índice completo, aquí: https://www.weforum.org/publications/energy-transition-index-2026/
Los datos de 2026
Según el Índice de Transición Energética 2026, publicado el 18 de junio, las tensiones geopolíticas, las interrupciones en el suministro y el aumento de la demanda acarrean fragmentación y ralentizan el progreso en el panorama energético mundial.
El informe, desarrollado en colaboración con Accenture, concluye que la transición energética global, definida como el progreso hacia sistemas energéticos más sostenibles, equitativos y seguros, se ha estancado a pesar del récord de inversión mundial por importe de 3,3 billones de dólares, 2,3 billones de ellos en energía limpia. La investigación apunta a una creciente desconexión entre la asignación de capital y la preparación para la transición, que disminuyó por primera vez en más de una década, lo que sugiere que la inversión por sí sola ya no es suficiente para mantener el pulso.
Las perturbaciones en el estrecho de Ormuz han intensificado las presiones identificadas en el Índice, aumentando la exposición de los sistemas energéticos a la situación geopolítica, y con especial impacto en las economías emergentes dependientes de las importaciones. Los riesgos de suministro y las limitaciones estructurales someten a los países a una presión cada vez mayor y desigual, con efectos en la asequibilidad, la resiliencia y la sostenibilidad a largo plazo. De cara al futuro, la respuesta a la actual crisis permitirá determinar si la seguridad energética y la sostenibilidad se tratan como prioridades contrapuestas o como objetivos que se refuerzan mutuamente.
El Índice evalúa la eficacia de los sistemas energéticos nacionales en tres dimensiones fundamentales: seguridad, sostenibilidad y equidad, así como la preparación del entorno propicio para apoyar la transición. En general, sus puntuaciones se mantuvieron prácticamente sin cambios con respecto al año anterior, lo que refleja una desaceleración del ritmo mundial. La disminución de la seguridad energética y de la preparación para la transición energética (las condiciones políticas, de infraestructura, de inversión y de innovación necesarias para sostener el progreso a largo plazo) contrarrestaron las ganancias en otros ámbitos en unas condiciones de financiación más restrictivas y de limitación de las infraestructuras. A pesar de las crecientes dificultades, el 60% de los países mejoraron sus puntuaciones generales, aunque el progreso equilibrado está cada vez más concentrado, con solo uno de cada cuatro países mejorando en las tres dimensiones.
Los países nórdicos continuaron liderando la clasificación, mientras que Singapur fue uno de los más pujantes, subiendo diez puestos, impulsado por los cambios normativos y un mayor compromiso político. Las economías avanzadas ocuparon catorce de los veinte primeros puestos, pero el progreso fue desigual y en gran medida se estancó, con un aumento general de las puntuaciones medias de tan solo un 0,2% interanual. Seis economías del G20 se encuentran entre las veinte primeras: Alemania (9.ª), Francia (10.ª), Reino Unido (11.º), China (14.ª), Brasil (17.º) y Estados Unidos (19.º). Entre las principales economías, China continuó aumentando la inversión en energías limpias a niveles récord e India registró uno de los mayores avances en la preparación para la transición, mientras que Estados Unidos mantuvo su fortaleza en seguridad energética a pesar de un ligero retroceso general.
 
Figura 1. Quince primeros países del Índice de Transición Energética 2026. Argentina ocupa el puesto 56.
A nivel regional, el África subsahariana registró los mayores avances, mientras los países de Oriente Medio y el norte de África experimentaron un descenso notable, ya que el menor compromiso político y la inversión en infraestructuras lastraron el progreso, aunque Arabia Saudita destacó con sus avances impulsados por un importante respaldo financiero y el despliegue de energías renovables.
América Latina también se debilitó ante una menor preparación para la transición. Brasil siguió siendo el líder regional, respaldado por su sólida matriz energética. Argentina quedó en el puesto 56, precedida no solo por Brasil, también por Chile (20.°), Uruguay (38.°), Colombia (43.°), Costa Rica (51.°) y Perú (52.°).
La divergencia regional se ve condicionada por las presiones estructurales. La demanda mundial de electricidad creció en un 3%, impulsada por la electrificación, la refrigeración, la infraestructura digital y la inteligencia artificial, y está limitando de forma decisiva la transición. Las economías emergentes representan alrededor del 80% del crecimiento de la demanda, pero siguen soportando mayores costos de financiación y deficiencias en las infraestructuras. Mientras tanto, a pesar de la inversión récord en general, el capital destinado a las energías limpias sigue muy concentrado, pues el 75% continúa fluyendo hacia un pequeño número de economías, lo que amplía la brecha entre dónde se invierte el capital y dónde aumenta la demanda.
 
Figura 2. Puntuaciones del Índice en un gráfico: cómo le fue a cada región
Palabras finales
El informe señala tres prioridades para mantener el progreso: incorporar la seguridad y la resiliencia en el diseño del sistema energético desde el principio, y no como respuesta a las crisis; desbloquear el suministro acelerando la expansión de la red y la capacidad de integración del sistema, y restablecer la capacidad de inversión mediante la estabilidad política y la orientación de los flujos de capital, en particular hacia las economías emergentes que concentrarán la mayor parte del crecimiento de la futura demanda. Los países que atiendan a estas tres prioridades estarán en la mejor posición para convertir las presiones actuales en una ventaja competitiva duradera en un panorama global cambiante.

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